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25 septiembre, 2022
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LUMBALGIA; cómo tratarla desde un abordaje natural y su eficacia

Empezaremos explicando que se refiere a “lumbalgia” cómo el dolor percibido en la zona baja de la espalda por motivos varios, en los que principalmente se ve implicado el sistema musculo-esquelético. Estos dolores pueden manifestarse de diferentes formas por sintomatología y/o síntomas.  Uno de ellos podría ser una incapacidad funcional de reacción al movimiento en la espalda y miembros inferiores, reflejos neurálgicos hacia otras estructuras vecinas, tensión abdominal, dificultad respiratoria o disminución en los ritmos respiratorios etc.

Actualmente, es el motivo más frecuente por el cual el paciente acude a consulta osteopática siendo un tanto por ciento más elevado la visita de hombres que de mujeres pudiendo ser un rango de edad desde los 25 años en adelante para ellos y algo más tardío para ellas. Todo esto sería genéricamente hablando, sin tener en cuenta las causas unipersonales y otros factores como; genética, deporte, trabajo, alimentación, descanso, postural, etc.

A lo largo de nuestra vida, la mayoría de personas vamos a padecer algún tipo de problema relacionado con la espalda y entre los más comunes se encuentra la lumbalgia. Me atrevería a decir que el 90% o más, de la población adulta, vamos a sufrir algún episodio de dolor de espalda sino lo hemos padecido ya. Habría que preguntarse el por qué una “lumbalgia” podría estar en los primeros puestos en patología a padecer.

En algunos casos la gente refiere y comenta al dolor producido por esta patología como un “dolor de riñones”, pero no suele ser el factor principal ni mucho menos. Cómo indicativo renal, tendría que haber otros síntomas y signos que poco concuerdan con los indicados por el lumbago. No hay que olvidarse que un problema renal, sí puede dar un reflejo lumbar y pélvico doloroso pero ni de buen trozo sería suficiente para incluir este factor como detonante de dicho dolor. Siempre que hubiese dudas, existen test ortopédicos que los descartarían.

Realmente, cuando acude un paciente por lumbago, la mayoría refiere similitud y diversidad de factores desencadenantes (signos y síntomas) que demuestran que sí se está padeciendo. Normalmente suelen presentarse en estado agudo de la patología y no en estado crónico de la misma, aunque este es un tema que particularmente yo nunca lo mencionaría como crónico a no ser, que, se sufra una enfermedad degenerativa severa que afecte a la columna, por lo que en la mayoría de casos suele ser por circunstancias anteriormente mencionadas, aumentando el número de casos en gente de mediana edad (otro factor importante) en adelante. Podría decir aproximadamente… entre 40 y 80 años los más sufridos.

Anteriormente menciono que el estado de la patología suele ser agudo y no crónico pero es muy importante saber que es recidivante (repetitivo) debido a que un elevado tanto por ciento  es derivado de malos hábitos y como todos sabemos, eso se puede solucionar.

 

Principalmente y en primeras fases, repercute la dolencia sobre el sistema musculo-esquelético refiriéndose en la zona lumbar. Este puede apreciarse como:

  • Dolor y/o incapacidad a la flexión/extensión y rotación del tronco
  • Sobrecarga muscular, no sólo a nivel de espalda, sino también a nivel de musculatura abdominal puede verse implicada
  • Sensación/percepción y/o de “quedarse clavad@”
  • Dificultad a la incorporación después de estar en reposo como podría ser tumbados o sentados
  • Neuralgia del nervio ciático hacia algún miembro inferior, podría sentirse desde zona glútea a quinto dedo del pie o solamente reflejarse en algún punto del recorrido

La mejor manera de saber si sufrimos lumbalgia, es preguntándose si hemos padecido algún episodio de “quedarnos clavad@” o hemos tenido la sensación de que pasara. Esta es una manera inequívoca de que padecemos lumbago. Aun así, por no percibir esta sensación no se está exento de padecerlo.

Existe otra situación donde la gente se confunde mucho y es cuando se padece “ciática”. Se interpreta como una dolencia diferente y fuera de contexto pero en realidad no es más que una consecuencia derivada de patología lumbar, donde por motivos X, se ve implicado y dañado el nervio ciático dando como resultado una neuralgia que se refleja a nivel de la pierna pudiendo sentir (entumecimiento, hormigueo, dolor, incapacidad funcional, rampas, pérdida de sensibilidad) en alguna zona, desde glúteo a quinto dedo del pie.

La mayoría de casos suele darse por sobrecarga muscular de la zona, exceso de trabajo a su musculatura, dando lugar a la fatiga del músculo y así su incapacidad de trabajo donde su función consiste en proteger, sostener y ayudar en la conducción del esqueleto. Si esta musculatura lumbar esta saturada de trabajo y no puede más, estas funciones se verán alteradas y surgirán los anteriormente mencionados síntomas. Pero esto no acaba aquí, cuando dichos músculos son incapaces de hacer su trabajo, entran en juego los músculos abdominales que se encuentran en la tesitura de hacer su labor, más la suya propia. Esto significa que cuando toda la musculatura que se encuentra en la zona baja de la espalda (agonista) se siente agotada, la abdominal (antagonista), tiene que trabajar el doble recayendo sobre ella la función de contrarrestar esa pérdida de fuerza. Sería lo que se dice; “trabajar en equipo – sinergia”, músculos agonistas (trabajando), músculos antagonistas (en reposo). Y si no sucede así, los músculos abdominales (antagonistas) tienen que realizar todo el trabajo para sostener el paquete lumbo-abdomino-pélvico. Es en ese mismo momento cuando se percibe que el abdomen está tenso y duro, debido a su contracción permanente de sus músculos y si alguna vez acudís a consulta por este motivo, no os extrañe que el terapeuta indague primeramente sobre la zona abdominal y comience su trabajo por ahí. Al trabajar esa parte del cuerpo primeramente, es para conseguir que la musculatura abdominal se relaje y ejerza un efecto reflejo de descarga sobre las lumbares quitando tensión externa e interna para a posterior poder realizar un trabajo más profundo y con mejor resultado sobre el resto de estructuras vecinas que también hay que abordar para un tratamiento más completo.

Hasta ahora se ha hecho referencia al causante más común de la lumbalgia pero existen otros factores que también agravan, influyen o son los percusores principales de esta inefectividad muscular como podrían ser lesiones en columna, enfermedades degenerativas, enfermedades inflamatorias autoinmunes, tumores, u otros. En estos casos, sin la menor duda, siempre afectaran a dicha zona y los dolores serán exacerbados y mantenidos en el tiempo, por lo que la respuesta más inmediata para hacer frente a estas enfermedades sería la toma de fármacos. Siempre, sin dejar de lado llevar unos hábitos saludables y terapia psicoemocional y natural para ayudar a combatir, hacer frente a los dolores y evitar que la enfermedad nos avance y nos devore.

Lo más común; a lo que prácticamente tod@s recurrimos con urgencia, pensando en darnos una solución fácil y rápida, es acogernos al medicamento. Posiblemente pensando también que sería la opción más económica a corto plazo dado que si tuviéramos que acudir algún tipo de terapia, esta, nos saldría más cara a largo plazo pensando en las sesiones que deberíamos asistir y que sería una solución que llevaría un proceso más largo debido a que cualquier tipo de terapia natural, sus beneficios se aprecian con más lentitud y el camino a la recuperación es más tardío. Sea por tiempo, estrés, incredulidad, dinero u otros factores, este es el camino que coje la mayoría de gente PERO NO el mejor a largo plazo.

Suele haber también una “falsa creencia o mal saber”, sobre el abordaje a la enfermedad. Se suele atacar los síntomas y no al problema principal para que estos desaparezcan y así ponerle fin al dolor – muy recurrente en esta patología -. La población acude al médico rápidamente para que le haga desaparecer los síntomas lo más rápido posible y lo lógico es recetar analgésico, relajante muscular u otros (típico modus operandi).

Una persona que acude a su médico, lo primero que pide es: “por favor haga desaparecer este dolor”, “deme lo que sea”. Es lógico y se entiende, a nadie le gusta padecer dolores y sentir que nos quita vida pero hay que tener en cuenta cómo repercuten los medicamentos a corto y largo plazo.

A corto plazo; sí, posiblemente nos solucione algo y nos de un respiro, aunque lo que conseguimos con la medicación es inhibir nuestro sistema nervioso periférico haciendo que la información de nuestro cuerpo donde se encuentra el dolor, no mande esa información de regreso al cerebro “diciéndonos que hay dolor o algo no funciona bien en la zona”. Se inhibe el sistema nervioso por un tiempo (según el fármaco) y a posterior pasado el efecto del medicamento, se vuelve a sentir lo mismo que antes de la toma (dolor, incapacidad, molestias, neuralgia, o cualquier síntoma que hayamos sentido). En definitiva; no se ha resuelto nada por no haber atacado a la raíz del problema. Sin embargo, la toma de medicamentos a largo plazo, también tiene sus consecuencias. Estaremos más tiempo sintiéndonos mejor sin dolores ni molestias pero a la larga, algún otro sistema u órgano se verá afectado a causa de un largo periodo tomando fármacos y nuestro cuerpo se habrá acostumbrado a la dosis que tomábamos teniendo así, que, ir aumentándola, haciendo que estemos siempre en un estado hipnótico “no siento – no padezco”.

 

¿Cómo sería su abordaje natural y por qué tiene eficacia?

Empezaría diciendo que, este, sería un abordaje o manera de tratar la patología en la mayoría de casos donde el paciente no se encuentre en un estado de incapacidad total o con muchas dificultades donde le resulte muy difícil llevar una vida tranquila, sin dolores y restricciones de movilidad. También en casos que el causante sea una enfermedad o sea preferiblemente mejor que pase por quirófano. Sería adecuado para todos los demás que no cumplen estos parámetros y pueden acudir a consulta sin signos muy evidentes de dificultad o dolor.

Para explicar su tratamiento, me baso en la práctica y experiencia adquirida con los pacientes llevando a cabo con ellos una misma forma de intervenir que he ido mejorando, añadiendo cosas, quitando otras y siendo consciente de los pequeños cambios; los más importantes.

Según la edad que tengan, indiferentemente, sólo modifico los tiempos, la presión, la tensión y la comodidad del paciente. El procedimiento de actuar siempre es el mismo, aunque el orden puede variar y no altera el resultado que vendría a ser igual. Lógicamente, el tiempo de cada uno, también variará según los condicionantes con las que se presente la persona pero al final del trayecto todos llegan a meta que es lo que interesa.

Desde mi abordaje, tengo presente 3 puntos clave para ello y que son primordiales partiendo de la base de (3 semanas mínimo) en caso agudo o crónico, para llevar a cabo el tratamiento y que el trabajo realizado empiece o de sus frutos según el caso a tratar. Los 3 ítems más importantes y fundamentales sobre los que me sostengo serían:

  • Reposo total durante las 3 semanas de terapia, sin realizar ningún tipo de esfuerzo típico más allá del necesario y adoptando siempre buenos hábitos posturales.
  • Terapia manual (osteopatía) para trabajar el cuerpo entero y la zona en cuestión; quitando adherencias, mejorando la flexibilidad articular, la elasticidad muscular, relajando estructuras, eliminando tensiones, despejando y abriendo zonas articulares, bajando el nivel de estrés, etc.)
  • Realización de estiramientos por el mismo paciente. Importante para complementar el trabajo osteopático; evitar adherencias, ganar flexibilidad y elasticidad, y para ser consciente uno mismo de donde esta el foco del problema e ir hacia él.

Según mi criterio y resultados; ningún punto puede saltarse porque llevaría más tiempo de trabajo (+ sesiones = + coste), una recuperación más lenta y posibles desajustes corporales que lo podrían empeorar. Para una lumbalgia aguda, cualquier pequeño movimiento mal ejecutado o esfuerzo implicando la zona podría echar a perder todo el trabajo, por eso suelo hacer mucho hincapié en ello, “si sigues las pautas y no hacemos el loco, todo irá fluido, a la mínima volvemos para atrás “.

Dado que el paciente acude a consulta y espera que le puedas ayudar, sobre esos tres puntos; siempre marco unas pautas correccionales, unos ejercicios y unos estiramientos adaptados a cada persona y progresivamente se van cambiando o no, según su progreso. No es algo difícil de llevar a buen término pero hay que ser constante en los puntos 1 y 3 y ejecutarlos de la mejor manera posible siendo consciente de los cambios por muy pequeños que sean y seguir realizándolos, no sólo durante el tiempo que venga a consulta sino para siempre porque como he comentado al principio, una lumbalgia se repite una y otra vez desde que hemos padecido el primer episodio y suele hacerse caso omiso una vez la persona empieza a sentirse mejor, y eso, sería confiarse.

Una vez empezado el tratamiento y sus pautas, la persona tiene que ir sintiendo según vayan pasando los días:

  • Una mejoría general a nivel de columna mejorando su movilidad, apreciando así, que tareas cotidianas se vuelven más livianas y menos dificultosas de realizar.
  • Disminución del dolor. Lo cual indica que las estructuras perjudicadas y próximas, reducen su nivel de estrés, enviando así, menos información nerviosa de la percepción del dolor y reduciendo también la inflamación de estas.
  • Una relajación mayor a nivel de estrés donde la misma persona no esté continuamente en “modo alerta” por cualquier movimiento o gesto que pudiera hacer y le pudiera producir una repentina recaída o dejándolo clavado de nuevo.
  • Que vaya en aumento el grado de flexibilidad y elasticidad y esto le produzca una mayor ligereza y reacción corporal.

Para reforzar el tratamiento y mejorar todavía más los resultados, siempre se puede incorporar otro tipo de ayuda o soporte al mismo, como sería: la suplementación alimenticia, la alimentación y la pérdida de peso si esta fuera necesaria porque suele ser un factor agravante en la mayoría de los casos debido a que el sobrepeso acelera la degeneración de estructuras articulares (cartílagos, partes de las mismas vértebras, discos, etc.).

Fisiológicamente, no podemos evitar el paso de los años y sus repercusiones. No me atrevería a decir el tanto por ciento de pacientes que acuden por una lumbalgia, con sobrepeso general y también focalizado a nivel abdominal pero si el 50% de ellos presentan este factor agravante.

En estos casos; el trabajo a realizar se ve incrementado, tanto por parte del terapeuta como del paciente. Independientemente si tiene una edad avanzada o es más joven, les cuesta realizar la tarea de llevar a cabo algún tipo de dieta o estrategia para ponerse a perder peso y esto dificulta y ralentiza el trabajo, aunque la mayoría suele ser muy consciente de que deberían corregir ese problema para influir en la mejoría del tratamiento. Cuando una persona presenta sobrepeso, no sólo cambia su postura en bipedestación y sedestación, lo que influye directamente sobre la zona lumbar sino que el peso cae con mayor presión axial sobre la zona, concretamente se ven especialmente dañadas las estructuras a nivel L4-L5, L5-S1, siendo este último nivel (charnela lumbosacra), la que se lleva la peor parte porque recae todo el peso del tronco antes de dirigirse la presión hacia los iliacos, caderas y posteriormente a las extremidades inferiores.

De ahí la importancia, de reducir el sobrepeso para evitar un deterioro mayor y más rápido de estructuras de soporte de la columna y protección de vísceras. Tampoco significa que, no por eso, no exista o pueda existir una lesión a nivel de columna sin ser una persona con un peso excesivo habiendo muchos casos de personas delgadas que sufren de lumbalgia repetitivamente o las han sufrido alguna vez. Como dije al principio; todos vamos a padecer alguna vez algún tipo de dolor de espalda y este, es el más común.

Otro acompañante al tratamiento, es la suplementación alimenticia. Se puede tomar o no, pero en procesos degenerativos de componentes articulares de la columna, tiene y tendría que ser imprescindible para evitar daños mayores en un futuro y frenando el deterioro actual que ha podido llevar la aparición de la lumbalgia. Para saber el estado de dichas estructuras es necesario tener una prueba diagnóstica donde confirme y resalte el daño en la columna lumbar. En estos casos siempre esta indicado su uso y es más aconsejable tomar algo natural y no puramente farmacológico porque si algún traumatólogo, por ejemplo, le receta algo, seguramente será para un corto periodo de tiempo y en la fase aguda pero lo que debemos tener en cuenta es que la patología avanza día a día y no se va a frenar por hacer una toma de 3 meses de algo prescrito. Seguramente notes los efectos y te vaya bien, pero aparte de que tu vida continúa y tu cuerpo se mueve, habrá que seguir regenerando estructuras con productos puramente naturales para no producir efectos secundarios indeseados y no abandonarlos. No hay que olvidar, que si estamos en esta fase donde la prueba diagnóstica nos indica una pérdida de altura o deshidratación de discos intervertebrales, no sólo el aporte de suplementos será suficiente, el aporte de agua es un factor importantísimo e indispensable que no hay que olvidar nunca. Tenemos un tanto por ciento de agua muy elevado en nuestro cuerpo, y por eso, muchas de nuestras estructuras y órganos se componen de este medio, fundamental para llevar a cabo sus funciones correctamente y no derivar en enfermedades.

Así pues, existe un proceso llamado hidrofilia, que consiste en llevar agua a los discos cuando la columna se encuentra en reposo y no es comprimida por esa presión axial que sucede en bipedestación o sedestación. Para qué dé lugar a ello, es necesario que la persona permanezca el mayor tiempo posible tumbada en posición horizontal para que vaya desapareciendo la tensión ejercida por la musculatura y la presión sobre los discos, relajándose así la espalda y procediendo al proceso de hidrofilia.

Sencillamente consiste en; dormir 7-8h diarias y pudiéndose ayudar de estiramientos de elongación de columna y/o utilizando una tabla de inversión por ejemplo, para ayudar todavía más a evitar fricciones y presiones sobre las estructuras perjudicadas y crear mayor espacio para la circulación de este agua. A la vez también; beber la mayor cantidad de agua posible sobre todo por las mañanas recién levantadas. Por este hecho, tan transcendental, la columna vertebral necesita de este medio.

Otro trabajo a realizar y que no se debe dejar de lado, es, el trabajo muscular. También algo que pide de la implicación permanente de la persona y por mucho que le cueste o no le guste hay que ponerse en ello, sí o sí.

En este punto, quizás exista o pueda haber desavenencias y explico el por qué. En mi metodología de trabajo, habiendo observado en pacientes y en mi mismo, suelo dejar esta parte para la última, después de haber realizado todo lo anterior mencionado (reposo, terapia, estiramientos, suplementación, dormir 7-8h/día, hidrofilia – hábitos -). Esto, es, porque si una persona se presenta con dolor agudo en lumbares, con la zona inflamada y limitación al movimiento; ¿cómo le pido que se ponga a hacer abdominales o hiperextensiones lumbares para reforzar la zona? ¿No seria mejor primero…? reducir el dolor bajando la inflamación, quitar tensiones y ganar amplitud articular y elasticidad para a posterior cuando la persona se sienta más apta, ya sea capaz de realizar unos ejercicios o pueda irse a la piscina como “la mayoría de médicos” aconsejan.

Doy mención a esto porque existen centros y terapeutas, dónde su manera a proceder, se basa en; al mismo tiempo que tratan al paciente le piden a la vez que realice ejercicios de fuerza sin previamente haber terminado las sesiones de recuperación. Preferiblemente, yo prefiero, y según el caso obviamente; durante las 3 semanas de tratamiento y reposo, sólo incluir estiramientos porque reducen el estrés del cuerpo bajando así la excitación nerviosa y la inflamación en la zona, arrastrando parte articular implicada mediante el músculo como si de un ajuste se tratara mejorando la flexibilidad articular, aumentando la implicación de los músculos antagonistas y agonistas mejorando la circulación sanguínea y evitando la acumulación de toxinas en la zona dañada y preparando al músculo para el trabajo físico a posterior. Por todo esto y porque hay que hacer que el paciente se sienta más liviano y no con la sensación de aumentar la pesadez muscular en la zona y le regresen las sensaciones negativas con las que acudía a la primera consulta. Primero uno se trata y cuando esta “medio sano”, ya puede incorporar trabajo muscular.

Para realizar todo el protocolo correctamente, sería primero: la elongación de las fibras musculares, siempre el músculo estirado (estado natural fisiológico) y luego la contracción muscular (trabajo físico). Dicho esto, cada uno podría hacer su valoración y sacar conclusiones de que manera sería más efectiva para una mejor y pronta recuperación pero yo si percato de que existe dolor; no voy a crear más dolor machacando la zona dolorida con más esfuerzo.

Como se ha visto; es una patología que no únicamente podemos hacerle frente con el uso de medicamentos (solución intermitente y no definitiva) sino que consiste, en hacer pequeños cambios en los hábitos cotidianos llevando un control, siendo constantes y poniéndole empeño. Si uno no pone de su parte, el trabajo es incompleto.

Lumbalgia: dos partes conscientes; terapeuta y paciente.

 

Oscar Cobo

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